miércoles, 27 de febrero de 2008

Sigiloso columpio seco

Ripiosidad, calígine:
rotor marcado de lo propio,
que subdivierte en lo que otrora
crujiera o pose.

Lo todo-prometido, espasmos,
la densidad caída, alzada,
y mientras Jarrett, gran jetón,
se espanta de lo propio -¡de lo propio!-,
o el extenuante gozo, locuela, y va.

Los movimientos habituales-verbo,
casi escribir actos, molienda:
gritos destemplados
de una merca o trabajo que
se raya en disco.

(Paréntesis, pauta, usufructo
que no consigue
la desmemoria de la hacienda, y va.)

martes, 26 de febrero de 2008

Mi vida ha sido eterna.

Descomponer las galerías,
los tramos a presentir,
y andar desvencijado, yerto,
como en un sol naranja
que no nos puede reconocer, y amar.
No tengo ahora
cuerpo o descanso, Alhambra
arrebatada.

Otro poema
de puertas que no se columbran,
sólo escritura.

jueves, 31 de enero de 2008

Collige, virgo, rosae...

Luna creciente: tiempo de mirar
cómo cruza tu firma
horas en que el reclamo
insostenible muere cuando cierro
estos áridos ojos.

Y crecerás, manchada,
y nuevamente escaparás. Agrego
otra pobre moneda
a la fuente, que ahoga
cualquier reflejo asible: demorados.

sábado, 26 de enero de 2008

Y juzgo los papeles, y deseo
el milagro profundo:
por una disyunción afortunada
te agradará buscarme,
y volveremos al antiguo lecho
de piedras solitarias,
y buscarás mi mano, y buscarás
el silencio común
y el paso compartido, y discusiones
tozudas y objeciones
morirán en caricias.

Y no es posible: escribo, y pasa el tiempo,
pasan los días, das
otra sonrisa y otro llanto al mundo,
y mi cuerpo envejece,
pasto de libros y de pergeñados
atisbos de un sollozo
que doy a los demás (para olvidar,
para negar tu cosmos),
y nada tiene fin, y en un estanque
boqueo por tus labios,
lejana la salud.

viernes, 25 de enero de 2008

Embrutecerse - (Parcial)

Lo que, torpe
consumo, carrusel o vaso,
altera la gramática, aforía,
en esta doble empresa que el cincel
del segundero remeda, es todo
lo comentado en la presión.

Rueda de la sabiduría, vacilan
todas las hueras, avestruz, etapas,
como caducas máscaras. Reviso,
en esta nueva exploración, los restos
de una pedantería sentimental, arranque
que incluso tarda y sangra; yacen, sí,
armario descartable, varias vasijas
de fragmentar aromas, maldición.

(Como que la vejez
es un reckoning de las muecas pasadas;
como que con respiros
de un agua ahora un tanto
más hábil, acomodaría
de nuevo las llanuras,
el resplandor, las piedras.)

martes, 22 de enero de 2008

La vida, rebajada,
no sabe de contornos, diques,
y su continua taquicardia, estero
moroso y desvaído, dificulta
la danza que apreciás.

Dejarla por compases
eficaces, precisos:
pocos este consuelo siguen;
y del manchón de los días,
que otro descuido
universal, copioso, reverbera,
te avergonzás y huís.

sábado, 19 de enero de 2008

a Marina

Así, un ritual muerto,
desteñido, lejos del deseo,
se aleja con su sopor de horas neutras
únicamente. Me pregunto
qué tiene el otro ser más allá
de sus palabras, gestos, y cómo
es que, sentado frente a mí, conversa
con el reducto de una sombra.
Y, ya dejada la avaricia,
percibo, ahora sí, una voz
que me trasciende,
que no busca impacto o gloria,
que ordena, pulcra, mi verbo y que limpia
sus delicados labios cada vez
que muerde de su sandwich.

jueves, 17 de enero de 2008

Fórmula

Un poco de hastío, un poco
de perfeccionada memoria,
un poco -pero mucho-
de severidad,
de sobreexigencia,
de autoflagelación:
lográs así otra imagen divina
con la que conversar un poco, para, impío,
someterla luego al escarnio
de los demás.

lunes, 14 de enero de 2008

Por una perversión, que continúa
sus rondas y registros
en azuladas poses, ya no busco
otro cuerpo que luzca
otra piel, otros ojos, otras manos.

Poder que conmemora su vejamen
con pesquisas nocturnas
y zancadillas-liebre, me prepean
el guiño y la artimaña,
y desespero, y me conturbo: un día.

Asisto al edecán que me mensura
con armas de la paz,
y es ese veto con el que se fuerza
a mi labio partido
a darme contra un morbo de esposado.

Y los alucinados que perciben
otra terca memoria
leen el abandono.

Pasa una chica -un nombre-: el espejismo
de algo que se repite
detrás de más barrotes.

domingo, 13 de enero de 2008

Bachiana nº 5 - (Diosa Blanca)

Recordás el poema, y su cadencia
de verdad intocada
vuelve como una sombra cada vez
que intentás otra cosa.

Y comenzás a odiarlo, y en silencio
sabés que ya pasaste
una vez más por esa calle vieja,
y queda redactar.

Después ponés la música de siempre
y complacés con poco
el hambre que tenías de escritura.

Otro día en que muere
esa ceja viciosa. Con las sobras
siempre el mismo requecho.

viernes, 11 de enero de 2008

Abracadabra

Y la yacija, y los diversos
aromas sordos que el calor
marca más todavía. La sábana,
imposible, caída
más allá del cuerpo, guardado sólo
por un slip sabedor
hacia el que mirarán los ojos,
inevitablemente,
de cualquiera que abra la puerta
para hablarme. El suelo, sucio,
de despertar, beber un vaso en la cocina
a tres de la mañana, torpe,
abotargado.
Y dar contra el aliento
de un pelo y cuello y brazos transpirados,
debajo de la almohada gorda;
y hacer un mate,
mientras se tiene a mano
un libro, el cigarrillo.

Aguafuerte

Peluche sin tensión,
abalorio teñido
por su sudor-espera,
maderamen que pide
como una estrofa, muda,
la mujer apacienta
vinagres, carantoñas,
quedos quejidos, pasos
que van de la cocina
al cigarrillo, y vuelven.

Cocina, cigarrillo,
guiso, soda, milagros
súbitos, indecentes,
y los días iguales.

Pastar esa vejez
con hálito constante
y riñonera chueca,
condición repetida
por cuadras y más cuadras.

Violín (viejo poema)

Ventana abierta.
La brisa: hielo.
Cuatro navajas.

jueves, 27 de diciembre de 2007

Troya

Sonido que especula, y un nítido reflejo,
callado: me amedrentan los mudos que no mienten;
y mueren dromedarios, y la siesta no acepta
el hálito cansado de lo que es cauce y va.

Voces en redondel, percibimos el eco
y reflejamos alces que no cuestionan nada;
y la estación estalla porque ya nada es tallo,
y Spinetta se acuerda de Casandra, y sonríe.

Y vuelves a aprender a decir vos y tú,
y percibes costumbres de un sitio y otra pausa;
porque los vientres crecen y la rejilla es cuña
en que anoto vislumbres de fanales vencidos.

Te da por perseguir roncas persignaciones
y divagás, henchido de letras y mensajes,
y la cruel musaraña te roe dulcemente
mientras los escenarios se hacen viejos, posibles.

Se repiten los versos porque el impulso es muda,
y muda la mudanza, y el juglar, tumefacto;
la espera no adelgaza, miramos a un abismo
que puede ser banal, que ya no te sostiene.

Y los esquifes crujen, se alejan, para luego
hundirse en la penumbra de los párpados mustios;
y la locura es daga que traza indiferencias
ganadas al vislumbre de lo que ya no está.

(Porque el sonido es alce, sonido o simulacro,
y esperas a que caigan los sabios centinelas;
y la estación que digo, sin mantas y sin lienzos,
resuena como un simple madero que se astilla.)

sábado, 15 de diciembre de 2007

Arácnido sin patas

Sujeto al extramuros de su soga,
pausa brotó de sierpes que limaban
en irreales ojos
una estación, y en vientres.

Porque ocultó en paredes, en jarrones,
pútridos senos, senos que bramaron
una prolija suma
que el niño recitara,

es que la risa, opuesta, vacilante,
aquerenció sus dunas y borrascas,
y el torvo beneficio
otro castigo trajo.

Teñida por la gracia
del precipicio, cae la camisa
al río sofocado,

y la anciana sonriente
es pudor por conseja, y la cortina
un dios que lo abroquela.

lunes, 3 de diciembre de 2007

El viejo aquel
se acuerda de otros tiempos
y se sonríe.

jueves, 18 de octubre de 2007

Suena la tele, lejos
de este pasivo quieto, coincide
la disección en ganas no almibaradas
de disecar, ajenjo
es lo que ignora el turbio, medianías
que ya colapsan, puerta inclinada
a lo que parte.

Como gota caída casi al espanto tibio,
que la distancia atempera, sabés
que no coinciden tantos espacios en vos
sino por pauta mezquina, señalamiento
que aleja, nuevamente, quietas,
las certidumbres ínsitas, o sea,
no reconoce el modo
particular
de algo que no es mucho menos
que una profanación.

Zumba la compu, ajena
a cada cúbica forma señalada
por la nostalgia risible
de lo que cae siendo. Certidumbres
no te hacen falta, hacés
de todo un gran camisón violeta
en el que acomodás
las fichas añejadas en ruptura
de todas las habitaciones a mediano plazo.

Así (siempre el "así"), mezclados
por la inclemente mansedumbre de postergar
lo mal que conocemos, colofón medido
que se entretiene, del vocabulario, las endechas,
las trepanaciones
y lo que aprendimos a decir, heterogeneizados.

martes, 2 de octubre de 2007

El calor, suave, inunda, sin embargo, la ciudad. He salido al centro con un buzo, sólo porque la remera que tengo puesta, aunque me gusta, y mucho, me queda corta. Sumándole mi panza, queda ridícula. La panza, bajo el buzo, es un poco más aceptable. Pero además salí despeinado, con un firulete de mi cabello más bien corto, del lado izquierdo, sobre la sien, y aparte no me afeité. En fin, de entrecasa por el centro.

Pero qué bueno que vaya llegando el calor, que se ponga tórrido bien, que terminemos respirando pesadamente, que haya un ciclo de estaciones para disfrutar un verano más, y para, en invierno, acordarnos de ese calor para pileta, de ese calor para sin chomba, de ese calor. No del otro.

(Porque el otro es posible en toda época, aunque no en niñez y vejez, merced a la condición que nos liga a los chanchos, y porque coger es, para resumir, "la chanchada" sublime, la de la danza de los cuerpos, lenta, pareja, paciente, buscadora. La de los buenos humores, aun si estamos tristes.)

En fin, otra temporada de calor. Como el tiempo pasa para todas las cosas, también pasa para este planeta, chiquito y tan bello a veces. Me acuerdo de

"Y la vida no es noble, ni buena, ni sagrada."
que, más allá de que venga dictada por el contexto, es bella en sí, y demasiado verdadera. Pero el tiempo del calor me hace esperar mejor. Esperar esas pequeñas cosas que me confortan porque las conozco, como el sudor que no se hiela, que luego se seca en los hombros, en las cejas, cuando leo un libro, quitádome la chomba, malla y ojotas sólo, y el libro es bueno, no sé si noble, nada de sagrado.

viernes, 28 de septiembre de 2007

Puedo hacer del silencio dos manos que navegan
lentamente, de a ratos, como bronce que vive,
para que una distancia revele sus criaturas.

La noche, que resalta mi cabello añadido,
columpia intermitencias de un tero, y de los autos
que pasan a lo lejos, ronquido mineral.

El cierto que su ceja daría a Klimt más aire,
eclipsado mi asombro por su velo profundo,
y las hordas declinan los aleros y rutas.

La calle hecha metralla, los rugidos se esparcen
para luego expandirse, partícipes del orbe,
y sus pupilas logran hacerse más futuro.

(Niño que se detiene sin saber las palabras,
alucinado cuerpo que olvidó sus dolores,
y diálogo a la vera de un rostro inmemorial.)